Qué impotencia se siente cuando se recupera la democracia y ésta no es valorada. Más aún, al percibir cómo lo banal, lo absurdo y lo reprochable se apoderan de la opinión pública. ¿Hasta cuándo tendremos que permitir que los grandes corruptos sean hoy los grandes jueces? ¿Por qué dependemos de lo que dicen? ¿Pensarán, acaso, que olvidamos tan pronto o que sus operativos psicosociales nos adormecieron de tal manera que no tenemos cultura para el rechazo?
Miles de preguntas, pocas respuestas. Más descaro, menos vergüenza. El más afectado es el pueblo.
Sin duda, la cabeza de toda esta red aún la lidera el ex asesor Montesinos. Su novela no parece tener fin. La telaraña que se teje en torno a él todavía no se termina de cortar. Quizá se encuentra más escondida y sucia que antes. Sólo basta ver a su líder y el poder que maneja. Él decide qué declarar y qué no. Su silencio, para muchos, supone un respiro, para otros, un martirio. Y es que así es el Doc;, siempre acostumbrado a ser el centro de atención. Si esto suena a broma, carcajadas son las que gesticula ;Vladi, al escuchar que nadie toma en serio la frase complot fujimontesinista.
Resulta lamentable escuchar la burla y el sarcasmo de algunos periodistas, de dudosa reputación, cuando expresan que el Gobierno tiene una especie de paranoia al fujimontesinismo. Y si bien es cierto que cada medio de comunicación asume posturas diferentes, que no se pueden generalizar, se necesita prestar atención a aquellos que presentan un evidente afán perturbador. La pregunta sin contestar es: ¿por qué los temas y detalles personales son parte del espacio noticioso de un país en proceso de recuperación? ¿Desde cuándo les quitan el sueño las peleas de la pareja presidencial o la imagen de una primera dama? No hay derecho a ahuyentar el capital extranjero, magnificando escándalos de quinta categoría.
La verdad es que no comprendo cómo personajes con reprobada trayectoria todavía gozan de gran aceptación. Sólo basta ver al ex presidente Fujimori, quien huyó del país por nefastos manejos durante su mandato, atreviéndose a dar consejos de gobernabilidad. Parece que muchos peruanos todavía protagonizan un cuento de hadas, en el que lo inimaginable y lo sorpresivo se apodera de cada capítulo de nuestra historia. Y, lo más paradójico, es que algunos aún esperan el toque de una varita mágica de modelos autoritarios, cuyo desprestigio tendría que ser, hoy, indiscutible.
¿Por qué se continúa rindiendo admiración a personajes de la política con gobiernos que nos dejaron en la desesperación, la pobreza y el desaliento? ¿Por qué la demagogia es aceptada y seduce a tantos? ¿Cómo podemos clamar por un mejor destino? ¿A quién le echamos la culpa de nuestros problemas? ¿Le echamos la pelota a los partidos políticos, al acceso a la información o a las inconsistentes ideologías acerca de la distribución de la riqueza?
Entre nuestros males está el pensar que podemos llegar a ser ricos sin trabajar esmeradamente. La anhelada meritocracia, un gobierno en el que el ascenso se realiza de acuerdo con los méritos; se aleja más de nuestras metas, porque lo inmediato, lo inconsistente y lo momentáneo se apoderan de nuestras vidas. Si estamos disconformes con nuestra sociedad, partidos y Gobierno, es hora de que hagamos algo por mejorarlos. Como sociedad, se requiere que entendamos que cada uno de nosotros debe poner más énfasis en el esfuerzo propio y no en lo que los demás puedan hacer por uno.
El Gobierno, por su parte, tendrá que evidenciar un eficiente estado de derecho con seguridad jurídica, cuyas leyes castiguen a todos los corruptos en general, sin distinción de influencia, poder o carisma, para que la gente vuelva a confiar en la independencia de poderes.
Los partidos, por su parte, tendrán que canalizar las demandas de la sociedad, para que ningún oportunista destape ollas con fines políticos y convierta los pedidos de la sociedad en escenarios violentos que alejan las inversiones. Resulta necesario que todos colaboren para que triunfe nuestro Estado democrático. No basta criticar, es necesario ayudar.
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Huacho - Huaura
Este circuito enclavado en lo que se conoce como el "Norte Chico" del Perú, combina la campiña y el mar en un recorrido que le ofrece descanso, sol y la posibilidad de observar una gran diversidad de aves.
Huacho, capital de Chancay, es puerto y tierra de pescadores y se halla en la desembocadura del río Huaura, en el km 149 de la Panamericana Norte. Un rápido recorrido por la Plaza de Armas le permitirá vislumbrar antiguas casonas en cuyo interior funcionan actualmente diversos negocios y un paseo a lo largo del malecón le dará una visión panorámica del puerto, donde se prepara uno de los mejores ceviches de pejesapo.
En las afueras de la ciudad podrá contemplar la hermosa campiña de Huacho, observar las típicas casonas de la zona hechas con adobones de barro y carrizo en el distrito de Santa María y visitar La Laguna Encantada, de aproximadamente cinco kilómetros de diámetro. Su mirador, resguardado por la Cruz de Caminante y una antigua capilla, domina el fértil valle y le permite gozar de un hermoso panorama.
Antes de llegar a Huaura puede hacer una pequeña escala en el Mirador Azul, en el distrito de Hualmay, y dar un paseo por una casa-huerto de principios de siglo. Desde el mirador se atisba el mar, el Cerro Centinela y la verde campiña. Huaura es una pequeña ciudad donde José de San Martín proclamó la independencia del Perú el 28 de julio de 1821, desde un balcón que se conserva hasta el día de hoy y en cuyo piso inferior funciona un pequeño museo.
A sólo 5 km de la ciudad se extiende la laguna El Paraíso hasta casi tocar el mar, rodeada de una tupida vegetación y refugio de garzas, gallaretas, flamencos, patos y otras especies migratorias como el charrán ártico procedente de Francia que usted puede descubrir afinando la vista. En su recorrido observará una buena oferta de sombreros y canastas que los lugareños confeccionan con los carrizales que crecen en la zona.
La Albufera de Medio Mundo, otra laguna cuyas aguas salobres poseen magníficas propiedades medicinales, le ofrece también un hermoso espectáculo natural y la posibilidad de observar una enorme diversidad de aves nativas y otras que migran entre Argentina y Canadá. Se alquilan kayaks y botes de remo y se practica la pesca. El lugar es ideal para los campamentos y se encuentra en el km 175 de la Panamericana Norte.
¡Buen viaje!
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